Cuatro
Somos cuatro. Amigos desde hace
algún tiempo. Tenemos nuestras diferencias aparentes de estatura, color de
pelo, piel, ojos y modos de proceder en la vida. Eso está claro, mi olfato no
me engaña y el espejo tampoco. Cuando hablamos a veces resulta difícil de
digerir actitudes y expresiones tan opuestas a mi modo de pensar. Vivimos en
lugares apartados de la ciudad, tenemos trabajos e ingresos distintos,
frecuentamos sitios particulares y círculos privados totalmente opuestos. Pero compartimos
un secreto.
Primero era solo yo y mi alma. Luego, la
situación con Isabel se tornó complicada y confusa a la hora de los
sentimientos; cuando estaba con ella me sentía increíble y disfrutábamos de
noches de antología y placer, pero cuando llegaba la hora de retirarme se
desataba una verdadera pesadilla. El móvil no paraba de vibrar mientras
conducía camino a casa, miraba la pantalla y los mensajes comenzaban a
acumularse unos tras otros. Siempre comenzaba con frases y declaraciones
fantásticas acerca de nuestro encuentro, pero al sexto, séptimo y más envíos
todo se convertía en preguntas incómodas y cuestionamientos difíciles de
responder.
Tres semáforos más tarde, luego de insultar
todo lo que se me cruzaba y también lo que imaginaba, y aun con su perfume en
mis fosas arrepintiéndome de mi flojera y arrastrando la culpa por el pavimento
de esa mugrosa avenida desierta sonó nuevamente el celular. Para mi
sorpresa, ese mensaje me causó mucho alivio, fue mi escape, mi oportunidad. Vino
al mundo mi salvación, me estaba llamando mi doble vida y gracias a su oportuna
intervención pude eliminar el fétido sentimiento que provocaba ese desliz en mi
alma. Abandoné a mi amante y le di a él mi lugar y todos los datos necesarios
para que la conquiste.
Pasé un tiempo de increíble relax y calma cuasi
narcótica en que la vida parecía fluir de acuerdo a un plan maestro en el que
no había lugar para la intranquilidad. Todo estaba en orden. Mi casa, pareja,
hijos, trabajo y vida social gozaban de buena salud. Fue entonces cuando mi
amigo y confesor dio un paso en falso al involucrarse emocionalmente con otra
mujer, la hermosa Amanda. ¡Una verdadera belleza! Hubiese querido ser yo el
primero en conocerla. Al menos debo admitir que mi camarada tiene muy buen
gusto, no esperaba menos. No tuvimos otro remedio, pasamos a ser tres.
Las cosas en el instituto se habían vuelto
patas para arriba y los informes clínicos se acumulaban en mi escritorio.
Johana, mi secretaria, no paraba un segundo de llamarme para saber si aceptaba
un nuevo sobre turno. El día a día se hacía cada vez más complicado en cuanto a
horarios y responsabilidades. Las horas pasaban volando y entre congresos,
clases y charlas vivía más viajando que en cualquier otro lugar. Lo peor de
todo es que el tercer integrante de la cofradía tenía poca conducta y malos
hábitos. Más de una vez estuvo a punto de revelar nuestro más preciado secreto.
Hace unas semanas tuvimos un percance en medio
de un evento de caridad organizado por el centro médico. Esas cenas son un
fastidio para alguien tan ocupado. Fredy y Manuel decidieron sin consultarme
asistir y llevar a sus novias al salón. No entendía nada y por mis ojos salían
llamas de fastidio. Lo último que esperaba era pasar un mal momento frente a mi
señora y los benefactores de la campaña. Luego de dar unos cuantos rodeos y
aprovechando la atención que demandaba la banda musical y los diferentes
números artísticos logré que ninguna de
las parejas se cruzara entre sí.
Al final de la noche y luego de que la mayoría
de los invitados se retiraran logré quedarme solo por un momento en mi
consultorio. En el preciso instante en que me disponía a encender un
cigarrillo, corrí la cortina y vi en el parque la espalda de una elegante mujer;
su vestido de gala era soñado. Quedé hipnotizado por unos segundos. Asombrado observé como Manuel se le acercaba con dos copas en la mano. Hablaron
y rieron un momento. Hasta podía leerles los labios. Manuel y su manual, las
palabras justas y la sonrisa a todo dar. Los vi alejarse por el ala oeste hasta
que los perdí.
A la luna siguiente el cuarto integrante fue
creado. Como ya lo deben suponer, él vino a remediar el último error. Lo
recibimos como a un hermano o a un hijo o, mejor dicho, como nos gustaría que
nos recibiesen a nosotros mismos. Hicimos una celebración íntima. Abrimos un
buen vino y nos pusimos al día. No podía dejar pasar la oportunidad de
reclamarles la intromisión de la noche anterior en mis “lugares seguros”.
Hablamos de Regina, la chica del escote en su espalda y disfrutamos juntos el
repaso de cada línea de diálogo. También coincidimos en que Ignacio era la
mejor elección para presentarle a Amanda.
Hoy soy cuatro personas al mismo tiempo, la
cantidad necesaria al menos por ahora para vivir las vidas que quiero llevar
con las personas que valen la pena. Me fascina la idea de probar cada
oportunidad sólo para saber en qué termina, si es que debe concluir antes de la
hora de la muerte. Claro que demanda cierto sacrificio de intimidad, porque
todos sabemos lo que nos sucede a cada instante, todos vemos cuatro escenas
exquisitas de vida privada, sugerimos respuestas a preguntas inquisidoras.
Ellas sospechan que hay algo extraño, pero nos aman lo suficiente como para
quedar satisfechas.
No saben que nos conocemos, es mejor así. Un
encuentro ocasional en un restaurante o en la vía pública podría despertar ciertas
dudas e ideas un tanto incómodas para todos. Es lógico que cualquiera de ellas
se interese en mí. En definitiva y sin saberlo ya me aman y comparten mi
historia desde hace tiempo por lo tanto no habría que pensar en infidelidades.
Además, nosotros estamos reunidos permanentemente.
Sabemos que es un juego peligroso, tuve que
aprender a vivir con mi cabeza trabajando a toda hora, dividida en cuatro
planos de realidad. Con el tiempo, la mente se acostumbra y le da prioridad a
una de las dimensiones mientras que a las otras tres las monitorea por si se
presenta alguna emergencia. Lo que más trabajo me cuesta es controlar mis
gestos y expresiones cuando comparto alguna experiencia emocional fuerte.
En los últimos días, percibí una pobre
conexión con el primero de mis otros yo. Me perdí de algunos momentos
cotidianos que antes disfrutaba gratamente. Con las horas esta sensación se fue
agravando. Me miro al espejo y mi cara ya no me pertenece. No entiendo cómo
llegué hasta aquí. He perdido peso y mi barba está más crecida de lo
estéticamente aceptable. Miro el celular y mi mano se vuelve temblorosa. Trago
la pastilla a la hora de siempre y me recuesto en mi cama. Trato de no hacer
ruido para no despertarla. Estoy preocupado. Lo voy a pensar. A lo mejor vuelva
a quedarme solo.



Espero que este relato psicológico sea de vuestro agrado. Si es así me animaré a escribir una segunda parte. Ustedes dirán... 🙌
ResponderBorrarmuy bueno Robertito
BorrarMuchas Gracias!!! Pero no se vale publicar en forma anónima!!!! Jajajaja!!! 🙌
BorrarMuy bueno!! Genio
BorrarGracias Crack!!!
BorrarMuy bueno!
ResponderBorrarMuchas Gracias!!!🙌
BorrarSoy Miguel Neiret, muy buen relato, es para guion de una serie
ResponderBorrarGracias Amigo!!! Será una serie entonces!! Todo puede suceder en este loco mundo. Abrazo Genio.🙌
BorrarTantos lugares y situaciones comunes me hacen sentir ser parte de este relato...saludos (R. Ricutti)
ResponderBorrarRicutti querido!! Tantos años!!! Tantas Vivencias compartidas y aún seguimos conectados vaya a saber uno por qué razón. Sólo te puedo adelantar que sos un personaje de una novela de ficción que estoy escribiendo hace meses. Teneme paciencia hermano. Te va a encantar. Abrazo infinito!!!
BorrarFelicitaciones Robert! Me encantó y quiero saber cómo sigue. Quiero parte 2!! (Eva)
ResponderBorrarInfinitas gracias mí querida cómplice por tu presencia!!! Te prometo que la historia va a seguir. Lo único que te pido es paciencia. Le tengo que robar tiempo al tiempo y todos sabemos que el tiempo es medio amarrete. ❤️
BorrarMuy bueno Robert, espero leer la segunda y tercera parte. Saludos.
ResponderBorrarOh!!! Muchas Gracias!!! Seguramente esta historia continuará... Ya tengo algunas ideas dando vueltas. Gracias por darme ánimos!!!🙌
BorrarNaaaa, me encantó. Al principio pensé que eran personas distintas pero era una sola 😲. Quiero la.2da parte.
ResponderBorrarQué tema ese verdad? Cuántas personas son reales y cuántas no? Lo sabremos en la próxima entrega? Gracias Flor!!! 🙌
BorrarMuy buen relato ! Felicitaciones Robert ...por más historias !!! Avanti !!!
ResponderBorrarMuchísimas Gracias!!! Por más historias entonces!!! Chin chin!!🥂
BorrarExcelente! Amigo Personal.. No puedo dejar de fascinar con tus relatos. Lo de escribir una segunda parte? Eso? No sé pregunta!! Soy fans de lo que tenga Segunda, Tercera, Cuarta, etc.etc. etc. No pierdas el hilo amigo querido, está muy bueno leerte.
ResponderBorrarAdemás, quiero saber quién se queda con Amanda... "Yo o el otro yo?"... Ignacio no me gusta para ella 😉
Jajajaja!!! Ya veremos! Está bueno que compartas tu deseo acerca de la suerte que le toque a cada personaje. Sirve de estímulo y abre el juego a múltiples posibilidades. Gracias por tu devolución!!🙌
BorrarParaaaa, aqui un nuevo Fan!!!
ResponderBorrarJajajaja!!! Es un verdadero honor amigo!!! Te admiro y te quiero!!🙌
BorrarRecién hoy lo leí, que colgada! Jaja... Me pasó lo mismo que otra lectora, creí que había más personas físicas que las que aparenta el relato... Fantástico! Espero haya segunda parte, lo que espero es no colgarme tanto, jaja! Mis felicitaciones amigo! (Nole)
ResponderBorrarJajaja!!! No te preocupes!! Yo te aviso cuando salga la segunda parte. No digas nada pero ya la estoy escribiendo. Guiño, guiño. Jajaja. Gracias como siempre Amiga.
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