El método fotográfico de Brunella
Pasaba los días buscando una imagen para la tapa de “Fráctama”. Así como en
el blog utilicé fotografías de archivo de descarga gratuita e imágenes
generadas con inteligencia artificial pensé por un momento recurrir a esta
última herramienta; ingresé la descripción de lo que pretendía y el dispositivo
me devolvía algo aproximado, hacía las correcciones y obtenía algunas mejoras.
Pasé así un par de mis noches en las que coseché una veintena de iconografías
distintas y al mismo tiempo iguales. A todas les faltaba algo, esa cesura
inconfundible entre algo vivo y algo vacío, el alma.
En mi mente se abría un debate acerca del uso de esta tecnología para
ilustrar el resultado de mi obra. No me parecía el mejor recurso para coronar
tantas horas de escritura a sangre, pero me proporcionaba la inmediatez y el
alivio de no tener que pedir ayuda. Cansado de los corolarios inconclusos pensé
en pedirle a un amigo una ilustración para que mi libro sea ciento por ciento
humano. Estuve a punto de enviar un mensaje y, por esas cosas de la fortuna,
cuando dejé de buscar la efigie, ella me encontró a mí.
Como les contaba, de la manera más inesperada, una tarde de esas en que el
sol brilla con tanta intensidad que a la vista no le queda más alternativa que
esquivarlo, se me acerca Brunella con su celular en la mano y dice – Mirá papá-
Observé la pantalla algo confundido por el pedido y pensando que me iba a
mostrar algún juego o algo parecido, como de costumbre. Para mi sorpresa, lo
que vi era algo indescifrable. No lo entendía, pero me atrajo de una
manera inusual. Con mi curiosidad despierta le pregunté cómo lo hizo, si había
usado IA. Me miró sin entender y me dijo que era una foto que había sacado. - ¿Una
foto a qué? ¿Lo hiciste con IA? – insistí. Me tomó de la mano y me llevó a su
habitación.
Entraba el sol del verano por la ventana y teñía su cama de un color dorado
intenso. Bru tomó con su pequeña mano un binocular de juguete, que era de su
hermano Constantino, y con la otra mano eligió una canica, como le dicen los
niños ahora a las bolillas. Apoyó los dos objetos sobre el cubre camas, los
acomodó de tal forma que la pequeña esfera quedó incrustada del lado por el que
se mira y del otro lado ubicó la cámara de su celular. Se escuchó el ruido del
obturador, ella se dio vuelta y, mirándome con su pequeña cara y acercándome el
dispositivo simplemente me dijo – Así-.
Sorprendido por la situación, pensé en cómo los niños nos pueden enseñar
esa forma de mirar que ya se nos ha olvidado, en cuánta riqueza podemos
encontrar en lo cotidiano, en las ventajas comparativas que puede tener una
mente infantil a la que no limitaron aún las estructuras de los adultos.
¡Cuántas cosas que aprender! Cuando salí de mi asombro la felicité, se sonrió,
y le pregunté si me regalaba esa “obra de arte” para la tapa del libro. Con la
sonrisa a todo dar por la aprobación de su papá y sin rodeos, me dio su
autorización y la alegría creció inmensamente en mi pecho, porque para mí no es
una imagen cualquiera, ella tiene un plus de sentido. Más allá de su belleza,
lo más importante es que la haya creado mi hija, casi desde la nada.
A modo de conclusión les paso la lista de algunos de los ingredientes del
método fotográfico de Brunella:
-
Imaginar
creativamente.
-
Atreverse
a jugar con la luz.
-
Ver qué
se puede hacer con lo que tenemos al alcance de la mano.
-
Animarse
a mostrar lo que hacemos sin miedo al rechazo.
-
Pensar
de qué manera podemos hacer brillar a las personas que queremos.
-
Una vez
obtenida la pieza, regalársela a papá con una sonrisa, un beso y un te amo.
¡Gracias Bru! Yo también.



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