FRÁCTAMA - C. 6
VI
Amanecía
en el campanario, la luz de un nuevo día iluminaba los cuerpos de los vigías.
Sus caras parecían petrificadas, a tal punto que no se adivinaba en ellas un
mínimo gesto. Lo único que se movía al compás de la brisa matutina eran sus
plumas. Por el contrario, sus mentes se encontraban en plena actividad. Un
sinfín de posibles escenarios era analizado por ambos sabios. El peor de todos
era el que parecía estar ocurriendo. Marás se hartó de tanta parálisis y volaron
aves espantadas en los mundos más cercanos en el preciso momento en que usó su
voz. Se acercó a Ral, lo miró a los ojos y le preguntó: - ¿Cuánto tiempo más
vamos a estar estáticos en este desierto mientras ella se aleja de nosotros y
se acerca a vaya a saber qué? ¿No te has imaginado lo mismo que yo? ¿Acaso con
sólo una campanada en tanto silencio vamos a conformarnos? Me extraña Ral,
estás muy raro últimamente. Por mucho menos que esto hubieses declarado cien
guerras. ¿No sientes el hedor de la traición? ¿O ya todo te da igual?
Ral
continuó errático sin hacer ningún movimiento, parecía que no estuviera
escuchando a su compañero, habitaba una especie de hipnosis de la que no quería
salir. Sus ojos se habían tornado grises con las primeras luces, pero no
emitían reflejo, después de un extenuante tiempo tomó una bocanada de aire y
pareció despertar. – El camino está hecho para andar – respondió en un tono
pausado como a quién nada le sorprende. – Nang es como es y la conocemos lo
suficiente como para saber que nada ni nadie puede impedir algo que esté
dispuesta a hacer. Así ha sido siempre y no deberíamos asombrarnos ahora Marás.
Aunque nos esté engañando de la manera que sea admito admirarla por su decisión
de mentir con tal de romper con este hastío. – Agregó y volvió a su postura
como quien da por terminada una conversación.
-
Tienes razón, vivir eternamente en este abismo
ya no se soporta y menos sin Nang. También aciertas en que todo esto es una
mascarada. Lo supimos desde el principio. Sincerémonos por favor. Hemos sido duros
con ella por su error. Hoy me pregunto si lo fue. – Monologó Marás más allá de
importarle si su compañero lo escuchaba o no. A lo que Ral contestó: - No
recuerdo tener una sola razón valedera por la que valga la pena transcurrir en
esta prisión. Haces bien en tratar de despabilarme hermano. Un poco de sal
viene bien cuando la vida se vuelve sosa. Abandonemos esta calma que sabe a
muerte y vayamos tras ella.
La farsa urdida por la hechicera tenía los días contados. Ya le habían otorgado demasiada ventaja. Bastaba que los sabios abordaran el tema y lo usaran como excusa para romper la monotonía. No se percibía enojo en sus palabras, aunque si una cuota de amargor por no haber sido depositarios de su confianza; pero al mismo tiempo que lo pensaban la comprendían. Ellos jamás hubieran cedido ante un pedido descabellado, algo propio en Nang.



Les comparto este nuevo capítulo de "Fráctama". El plan de Nang tiene las horas contadas. Gracias como siempre por acompañarme en este desafío.
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