FRÁCTAMA - C. 5
V
Caminaban en una larga procesión hacia el
templo de Brana, la deidad original. Los soles se alineaban y conformaban una
gran bola de fuego con dos coronas. En septentrión se ubicarían las lunas de Fráctama
y todo convergería en un nuevo ciclo vital. Los perfiles y las cimas de las
arquitecturas deltoides y los monumentos vigías cortaban el terreno en un juego
de luces y sombras delineando las figuras de los tiempos iniciales. Ral
encabezaba el fatuo peregrinar y en cada paso impartía una solemne autoridad
que cortaba el absoluto silencio y generaba una magnética adoración.
Marás
“el Hacedor”, como lo había bautizado su pueblo, lo secundaba con su mirada
siempre perdida en los astros. En su mente los cálculos no cesaban un segundo y
solo se permitía un respiro cuando su único asistente le consultaba los pasos a
seguir. Daba algunas indicaciones y volvía su cara al cielo, como si disfrutara
de una danza inmóvil en la que lo único que se desplazaba en el espacio era la interminable
hilera de fieles adoradores. Todo marchaba de acuerdo a lo esperado pero la
necesidad de una renovación energética teñía la atmósfera de una amarga
tensión.
Nang
compartía posiciones con otras hechiceras en la parte media del grupo, ellas se
diferenciaban del resto por sus túnicas brillantes y eléctricas. Faltaba muy
poco para el suceso esperado. Todo cambiaría para volver a ser igual que antes,
aunque nada volvería a serlo en verdad. Como de costumbre, ella ordenaba a las
demás e impartía directrices empleando mínimos gestos. Desde su lugar se podía
ver el ingreso de Ral al templo. En ese instante se escuchó el sonido de
cientos de instrumentos de viento prolongando notas en distintas frecuencias.
Cuando Nang llegara a su ubicación principal podría admirar la maravilla de la
creación.
Una vez reunida, la implacable Trinidad indicó a los fieles que podían iniciar la ceremonia. Un evento coral colmó el aire haciéndolo vibrar en oleadas rítmicas. Las alas abiertas en posición de cortejo conformaban un mosaico hipnótico que simulaba atraer el rayo de luz hacia el centro. Luego de unos instantes de sonoridad intensa y coreografía frenética, la energía se concentró en el núcleo opaco y gastado y automáticamente éste renovó su vívido brillo y su inmensa potencia. La música crecía en volumen y belleza a la par que todo el paisaje se transformaba en algo vivo. En cuestión de segundos el planeta entero se encendió emanando el albor de la renovación, las piedras vibraban intermitentemente como si existiera un pulso dentro de ellas, el agua de las cascadas aumentó la velocidad y el estruendo en su recorrido, la vegetación cobró colores y tonalidades cimbreantes e indefinibles, el aire se purificó con el perfume de la floración y la faz de los fráctamos dejó de estar tensa para dar lugar al goce de este esperado renacer.
Horas más tarde los monarcas caerían en la
cuenta del ocaso de sus días de gloria. Muchos habían sido los excesos y abusos
cometidos por la tríada y sus guardianes. Fueron centurias de una abstracción
gradual y una desconexión progresiva entre ellos y las masas. Innumerables
estragos y vejaciones habían dejado diezmado a un pueblo con potencialidades
ilimitadas. Una contradicción de recursos inagotables y mezquindades
individuales. Los Reyes se habían alejado de su pueblo, lo abandonaron como si
fuera una criatura despreciable, lo trataban y destrataban a su antojo y la
única justicia que imperaba era la impartida con desdén desde el palacio de
cristal.
Si todo tiene un por qué, se podría decir que
el inicio del acabose fue la pérdida sufrida por Ral. Su alma par había sobrellevado
una extraña dolencia que derivó en un estado desesperante colapsando todas sus
facultades. Varam no respondió a los conjuros y tratamientos ofrecidos por las
hechiceras; el sufrimiento parecía no tener límites. Su única esperanza era
esperar el próximo solsticio, pero para éste faltaba más tiempo del que
disponía.
El carácter de Ral comenzó a cambiar
notablemente al paso que desatendía todo a su alrededor. La única preocupación,
su obsesión, era recuperar a su compañera, a la que veía apagarse como lo hace
una braza alejada de la llama hasta convertirse en cenizas. Los que acompañaron
este proceso y lo sobrevivieron podrían asegurar que él hizo todo lo posible y
hasta lo imposible, que dio todo lo que tenía y ofreció más también, que estuvo
donde tenía que estar cuando tenía que hacerlo, pero lamentablemente nada de
esto alcanzó. Ral no lo soportó. Sus ojos se volvieron dos huecos oscuros y
sobre Fráctama se posó una nube negra que no se disipó hasta el día de la
renovación en el templo de Brana.
Luego de la ceremonia y ya de regreso las
cosas parecían acomodarse para poder pensar en la reconstrucción del viejo
mundo. Tanta energía movilizó a todos y en especial a los tres sabios que
compartieron el viaje del retorno con una motivación notoria manifestada en
movimientos e intercambios que hacía mucho no se veía entre ellos. Se
despidieron de manera cercana y afectiva a medida que cada uno llegaba a su
fortaleza dispuesto a descansar.
Al final del recorrido y ya instalado en su
palacio, Ral presintió que algo raro estaba sucediendo. Encendió su mirada ígnea
en el momento en que se encontró rodeado por su guardia imperial. Se sintió perplejo
ante tanto descaro. Era una orden simple la que había dado, si algo podría
llamarse así en una mente tan sanguinaria. El clima enrareció y el silencio se
convirtió en el peor de los sonidos. Sus guardianes de confianza no hicieron un
solo gesto de aprobación. Alav, su comandante y consejero dio la orden y los
guerreros se abalanzaron sobre el supremo. Pese a su asombro, Ral exterminó de
una sola mirada a la primera línea de embate. Luchó con todas sus fuerzas y
hasta derrumbó partes del palacio con sus golpes. Era penoso ver cómo los
alfeizares de una arquitectura tan perfecta sucumbían ante sus desesperados
esfuerzos. Esa fue la imagen que guardó Ral de su palacio tomado. Una noche que
nunca podría dejar de sentir en su mente de Rey depuesto.
Los
guardianes de Fráctama apresaron a Nang y Marás en el mismo instante en que se
aseguraron la sumisión del más poderoso de los tres. Vale aclarar que Ral
vendió cara su derrota; en su forzosa declinación y en estado de furia arrastró
a un centenar de los mejores cuadros a la noche eterna. Llamativamente ninguno
de los dos reyes ofreció un mínimo de resistencia. Algo en su interior les
decía que este golpe palaciego era esperable después de tanta perversión, después
de tanto sufrimiento provocado. De alguna manera se sintieron aliviados al no
tener que seguir manteniendo semejante farsa. Sus días habían terminado y pensaron
que quizá sus existencias también.
Los
tres fueron apresados, maniatados y conducidos a una prisión atestada de seres
olvidados, fráctamos que alguna vez tuvieron una vida y ahora se encontraban
reducidos a un estado deplorable. Al ver a los reyes caídos en desgracia
vociferaron y alborotaron el lugar con insultos y reclamos que sabían a
venganza. Los sabios pasaron horas de incertidumbre, separados e incomunicados
entre sí. Las celdas estaban recubiertas de alimbio, una aleación artificial
que impedía la comunicación mental. Alav convocó a los más antiguos en plan de
tomar una decisión sobre el futuro de los prisioneros. Todos se preguntaban qué
clase de justicia iba a determinar la pena que caería sobre ellos.



Queridos amigos, con gran alegría les comparto el quinto capítulo de Fráctama. La historia de tres sabios errantes en busca de respuestas. Espero me acompañen con sus lecturas. Gracias!!!
ResponderBorrarExcelente!!
ResponderBorrarMuchísimas gracias!!!!
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