FRÁCTAMA - C. 3
III
Alguna vez, Nang y Ral tuvieron mayor afinidad,
una complicidad que resultaba gratificante para ambos. De vez en cuando, para
matar el hastío, se les antojaba mezclarse con otras criaturas camuflando sus
cuerpos para jugar un juego peligroso de amor sin límites, explicaciones ni
rendiciones de cuentas. Eran almas deseosas y tiempos en que no existía nada
semejante a lo que hoy se llama culpa. Fruto de estas cópulas desenfrenadas en
sus deslices mesopotámicos nacían criaturas muy particulares que luego serían
ilustradas por los libros más antiguos.
Una noche, como tantas en las que sólo los
astros iluminan los senderos, gracias a una búsqueda profunda de Marás y al
trazado de las coordenadas exactas los sabios pudieron ver algo que latía en el
mapa de las constelaciones. Un mundo distinto, especial por su transparencia.
Tan difícil de encontrar como raro por sus texturas vítreas. Una especie de
bola de cristal flotando en un rincón del universo. Pero lo más raro era que
esa obra maestra no había sido creada por ellos y seguramente les era
preexistente.
Inmediatamente, y con mucho entusiasmo se
organizaron para saber más sobre ese atrapante lugar. Por primera vez en siglos algo les llamaba
verdaderamente la atención. La ansiedad reinaba en el campanario por esos días.
Marás era el único que se mostraba cauteloso, algo lo inquietaba, y se ocupaba
de los cálculos de tiempo y distancia y de diseñar el recorrido más conveniente
para el viaje. Sería la primera vez que compartirían una misma expedición. Al
cabo de un tiempo en que planificaron hasta el mínimo detalle emprendieron la
misión. Los rituales previos fueron necesarios para asegurar los pactos y los
términos.
El recorrido fue demasiado largo y agotador
para la prisa que llevaban. Por fin, cuando los tres visitantes llegaron a Fráctama,
así se llamaba ese paraje, se encontraron con espejos vivientes que devolvían
sus imágenes o, mejor dicho, cada ser que se acercó a recibirlos era igual a
ellos. No podían creer que después de tantos interrogantes sin resolver habían
encontrado su lugar de procedencia. Parecía una ilusión perversa. La sensación era
confusa, les era difícil comprender el porqué de ese extraño sentimiento que
los atravesaba. Llegar a casa y al mismo tiempo sentirse tan ajenos.
En este mundo de origen, antiguo y frágil las
entelequias vivían en la superficie o debajo de ella. A los primeros se les
denominaba Guardianes de Fráctama, a ellos se los entrenaba intensivamente en
las artes más diversas de la guerra y el manejo de las energías. En cambio, los
que ocupaban el interior de la gran esfera desarrollaban potencialidades
infinitas en proyección, pero limitadas al centro de esa cápsula. Nadie podía
escapar de esa cárcel debido al peligro que implicaba la fuga de un ser tan poderoso,
un nuevo potencial dios que podría crear su propio universo. Sólo los
guardianes podían acceder al inframundo y regresar nuevamente.
La historia oculta de Nang comenzó con una
amistad, que se tornó en admiración por una artista inigualable. Un ser que
construía múltiples realidades, con infinidad de posibles opciones, alguien que
no aceptaba la idea que sólo existiera una única respuesta para cada interrogante,
una creadora única, una compañía que encontró por azar el día que descubrieron
el lugar al que pertenecían y por lo tanto a su propia especie.
La compañera de Nang se llamaba Áctavas. Fue la
existencia más maravillosa que había conocido en su vida. Ambas sentían que fueron
creadas la una para la otra. Su nivel de entendimiento era total. Ni bien se vieron
experimentaron algo que jamás habían sentido, algo que ni siquiera podían precisar
o darle nombre. En ese mundo tan particular las almas se formaban de a pares,
solo era cuestión de encontrarse entre sí; y cuando esto sucedía la comunión
era tal que se elevaban sin necesidad de usar sus alas. En este caso, Áctavas
pertenecía a la gente del inframundo; lo difícil para Nang fue sentir que no encajaba
en ese lugar, pero tampoco se identificaba con los habitantes de la superficie.
Como si fuera una anomalía injusta y perversa.
Con el comienzo de esta relación surgió un
problema mayúsculo en cuanto al equilibrio interno de la tríada. Y también un
sinfín de cuestionamientos acerca del por qué sólo ellos habían sido destinados
a ese confín abandonado para crear y destruir cuanto se imaginaran. El
sentimiento de parias por un lado y el de libertad absoluta por el otro
resquebrajaban la armonía que hasta esos días habían logrado sostener. Tal vez
fueron expulsados o encomendados, no había registros en sus recuerdos, pero de
algo estaban convencidos, necesitaban saber la verdad.



Con ustedes el tercer capítulo de Fráctama. Esta historia comienza a cobrar vida. Espero que disfruten la lectura.
ResponderBorrarMuy bueno, detrás de las palabras hay una filosofía profunda
ResponderBorrarGracias amigo por acompañarme!!! Aprecio tu devolución como siempre!!!
BorrarMuy bueno!! Esperamos más capítulos!
ResponderBorrarMuchas gracias!!! Te prometo que los habrá. Estoy trabajando en eso. Abrazo grande!
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