FRÁCTAMA - C. 2

 


II

 

Primero fue una, después fueron diez y luego una treintena de almas que perdieron conexión con Nang. Ella buscó primero desde la curiosidad y luego desde la preocupación. Algo estaba pasando en ese mundo nuevo que no llegaba a comprender. Consultó a Marás por las condiciones atmosféricas, y las radiaciones solares, pero no obtuvo respuestas que explicaran la interferencia. Interrogó a Ral por la posibilidad de algún bloqueo emocional masivo. La expresión de éste lo dijo todo. Ella consideró la necesaria intervención en ese muladar recóndito. Tenía claro que esta acción haría desatender otras cuestiones importantes y que su ausencia haría tambalear el equilibrio de la tríada. 

Milenios habían transcurrido desde la última vez que tuvieron que atravesar un portal y los resultados no fueron los deseados. Hasta el día de hoy siguen padeciendo las consecuencias de la última intervención. Una solución amarga para un problema que se salió de control. Algo drástico que dejó sentida la relación entre los sabios. Nada volvió a ser como antes y ellos tuvieron que hacerse cargo de su intromisión. La decisión incomodó en un principio, pero la intriga justificaba el viaje. El compromiso asumido por Nang aseguraba que la misión iba a ser solamente exploratoria. Era necesario encontrar la falla. Ella dio su palabra y sabía lo que eso representaba.

 Se encontraron en la sala de los espejos flotantes, se miraron fijamente un instante y procedieron al ritual. Entre Marás y Ral cubrieron la espalda de Nang con una rahimbina dorada y luego ataron los lazos a su cuello. La expedición sería breve. Ella debía encontrar a los ausentes, reconectarlos y regresar. Los que quedaban en el campanario la relevarían en sus funciones hasta su vuelta. En un saco metálico depositaron todos los instrumentos necesarios para la navegación. La sacerdotisa se despidió de ambos batiendo sus hermosas alas. Ellos devolvieron el saludo de igual modo. Nang se dirigió al ojo latente, pronunció unas palabras imperceptibles, la ventana se expandió en la sala y finalmente se lanzó decidida a cumplir su empresa.

Ella había adormecido el recuerdo del último viaje, pero ni bien atravesó el umbral fue lo primero que apareció en su mente. La velocidad era excesiva y los túneles se veían un tanto distintos, algunos pasajes se encontraban vedados; llevaban a algún lugar, lamentablemente prohibido. Su cabeza era la punta de un misil de rescate y sus garras las poseedoras de un sinfín de brebajes y pociones. Experimentaba nuevamente la ansiedad por llegar a destino. La prisa era necesaria para recuperar el equilibrio.

Las imágenes se sucedían unas tras otras en su mente. Las palabras y los reclamos retumbaban aún en su cabeza como martillazos sobre un gran yunque y así, como se forja el hierro para convertirlo en espada, ella iba moldeando su estrategia punto por punto, sin dejar cabos sueltos que pudieran entorpecer sus planes.

Mientras tanto, en el campanario los dioses alados quedaron mirándose un largo rato, conversaron en silencio, dejaron de lado los supuestos y retornaron a sus actividades habituales. Marás revisó el estado general de las constelaciones y todo parecía estar en calma. El enlace con Nang se había perdido en el mismo instante que atravesó el portal.

A medida que avanzaba hacia su objetivo geográfico, Nang observaba que los túneles se iban estrechando y la velocidad se aminoraba; señales de un pronto arribo. Hizo un registro de su parque y una vez segura preparó sus garras para el descenso. Abrió sus alas tornasoladas y comenzó a planear de una manera tranquila, disfrutando las caricias del aire en su piel emplumada, mientras sus ojos registraban al mínimo detalle el terreno en el que se posaría.

Kram era el nombre de ese territorio, la geodesia aplicada por Marás en su diseño le proveía una belleza particular y exótica como esas sonrisas únicas entre mil rostros. Nang encontró la gran roca donde debía emplazar su laboratorio y ajustó su vuelo para el advenimiento. El plan se ponía en marcha, ahora estaba sola por primera vez en mucho tiempo, sin interrupciones, sin cuestionamientos, sin críticas ni obstáculos. En el mismo instante en que se posó sobre la superficie se dijo: - Es hora de desconectar la máquina de pensar de una buena vez y volver a encender la máquina de sentir. Luego respiró profundo y concluyó: - Este es tu nuevo inicio, a prueba y error y a usar lo que tanto dolió a tu favor. Que el juego comience.


Comentarios

  1. Les presento el segundo capítulo de Fráctama para que puedan continuar con la lectura y comenzar a imaginar conmigo de qué trata ésta historia. Gracias!

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  2. WOW! Justo agarré esta segunda parte... Voy a leer la primera porque esta me gustó muchísimo.
    Felicitaciones. A seguir derramando historias!

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    1. Así se habla mí Socio querido!!! Hay más del lugar de donde vengo. Abrazo!

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