FRÁCTAMA - C.1

 


 

En el inicio de todo lo que conocemos y aún antes también,

una energía expansiva iluminó hasta el último rincón de las galaxias. 

Una luz cegadora acarició las superficies y depositó semillas de vida en resecos terruños.

Con el correr de los siglos tres sabios solitarios y extraños entre sí

se encontraron inexplicablemente en tanta inmensidad.

Tuvieron un segundo nacimiento ante sus miradas absortas.

Los tres se regalaron una oportunidad.

 

I

 

Marás, Nang y Ral vigilan el universo desde el antiguo campanario. Todo lo ven, todo lo escuchan, todo lo saben. No necesitan hablar para entenderse. Sus cuerpos de forma humanoide se definen en alas emplumadas y cabezas aviares. Crean y destruyen incansablemente. Rastrillan vigías todas las superficies y texturas a través de lentes portales. Determinan los ciclos de todo lo que existe. Dirigen una sinfonía astral moviendo las piezas en un tablero espacial.

 

Marás domina las mareas siguiendo un patrón lunar dividido en planos y arquitecturas espejadas. Modifica las fórmulas agregando o quitando elementos y actores; los dispone en una instalación bien cuidada de acuerdo a las fuerzas y las pasiones en juego. La cantidad de lunas determina la intensidad y la altura de los embates, toma medidas, calcula distancias y velocidades, pone en marcha el plan y luego hace un registro de lo que lleva y lo que trae cada oleada. Las marejadas son distintas dependiendo del propósito, su ingeniería a veces emplea agua, a veces lodo, a veces lava, a veces aire y a veces mierda.

El agua da vida y también la quita. Es un dios mineral que no tiene altares, no los necesita, no los quiere. Se hace entender con el fuego y se camufla en glaciares eternos, murallas gélidas, esculturas de cristales puros que lastiman nubes llenas de vapor, rasga sus vientres y se precipita otra vez en gotas y nieve, en un ciclo armónico que la devuelve al mar. A veces se duerme en una noche de los tiempos y se convierte en permafrost que solo sabe de condiciones inhóspitas, lejos de cualquier perturbación.  

El lodo es hijo del agua y de la tierra, un gigante dormido que atrapa las bases de los desprevenidos que se creen eternos y los sumerge en las ciénagas de la mediocridad, inmovilizando sus pies con grilletes de arcilla y los detiene ahí, a la espera de un momento que nunca llega y si lo hace seguramente es a deshora. Es el cazador natural de todo lo que represente la ansiedad, se ríe de esas caras suspendidas y esos corazones que laten por causas perdidas.

Marás se divierte jugando con lava, toma sus guantes de wolframio, atraviesa los mundos y sus mantos, revuelve el magma con sus garras y extrae ríos de luces sulfurosas, acompañadas de gases y proyectiles. Realiza un trabajo de cirugía muy precisa al liberar con sus uñas de bisturí el pus que no encuentra salida. De no hacerlo, intoxicaría por completo el núcleo y estallaría en mil pedazos como un alma que no se expresa.

Cuando Marás descansa deja que el aire reine, que se mueva a su antojo, que circule y limpie la escena contaminada por el sopor de la quietud. El Éter está diseñado con elementos muy particulares y las proporciones varían según la franja que ocupe en el plano cian. Pequeñas raciones de nitrógeno, argón y neón se mimetizan en las atmósferas gaseosas que se vuelven más o menos espesas, respirables, tóxicas o protectoras de todo lo que existe ante la radiación. Cuando la quimera vuelve a tomar el control es el momento exacto en que nace el rocío, obra del aire, el agua y la luna. También es el instante justo en que los dioses insuflan vida introduciendo bocanadas y espíritus en las anatomías de los seres.

La mierda es el resultado final de todos los procesos que cumplen un ciclo, que llegan a su fin, que agotan su tiempo, que ya no tienen razón de ser. Es el trabajo sucio de Marás. Él sueña, diseña, imagina, crea y proporciona las condiciones apropiadas para que el proyecto trascienda de acuerdo a sus fórmulas. A veces resulta y a veces no. En este caso tiene que arrojar por el retrete toda su basura para empezar de nuevo. Pero cada vez lo hace desde un punto de referencia distinto. En estos casos recurre a las corrientes estelares, que fluyen al tempo de un metrónomo silencioso y ensordecedor y arrastran consigo civilizaciones completas y presagios de viejos libros obsoletos. Es la parte más difícil de llevar adelante y de soportar para un ser que se siente y se piensa perfecto.

 

Nang oficia de sacerdotisa, su competencia es el plano paranormal, metafísico, espiritual, religioso, divino. Su cara expresa el goce en cada acción. Controla las creencias y la fe. Instala y derroca dioses paganos que disfrutan ser venerados hasta el límite del estrago y luego pagan caro el precio del olvido. Trabaja en las mentes creyentes otorgándoles celestiales respuestas a preguntas que no soportarían la verdad como vuelto. Lo paradójico es que lo mismo hace con los intelectos científicos ofreciéndoles métodos que sirven para explicar las partes, pero nunca el todo. Dirige un ejército de ánimas que deambulan por las psiquis más receptivas. Y también echa a rodar rumores, ideas, fantasías, sueños y pesadillas susurradas al oído de los durmientes para que las crean propias y luego las concreten.

En la esfera paranormal están guardadas las llaves que abren las puertas que conducen a los senderos sinuosos de lo desconocido. Energías boreales cegadoras que habitan mundos distantes esperan eternidades ser liberadas para desollar y devorar lo que encuentren en su trayecto en un instante. Miles de pórticos se encuentran esparcidos, flotando en una danza polifónica respetando patrones luminosos y sombríos. Cuando Nang escoge una de las combinaciones metálicas dentadas la hace girar tres veces dentro del cerrojo, da un paso al costado, gira y tira de la falleba para licenciar la furia incontenible de los demonios que viajan con hambre y sed reprimida en busca del objetivo inducido.

La sacerdotisa deambula por sus pasillos mentales, clasificando y corrigiendo sus viejos documentos metafísicos. Los ordena cuidadosamente en sintonía con las dudas existenciales comunes a los diferentes mundos y eras. Los pensadores de todos los tiempos indagan, reflexionan, analizan, vociferan y hasta imploran por la verdad revelada del ser y su sentido en un cosmos cada vez más extraño. Nang le dedica horas, días y años al dictado preciso a la escucha golosa de los intelectuales ávidos de saber. Ellos, acumulan montañas de escritos que coinciden y se oponen a los de sus contemporáneos mientras les llegan sus otoños y sus cabellos se vuelven canos.

Las paradojas de los paradigmas, las críticas y los manifiestos, las teorías y las especulaciones, las metodologías y las triangulaciones, los engendros que paren la filosofía y la teología en esa orgía de iglesias y universidades llevan a Nang al éxtasis. Hace de la división un ejercicio sagrado, separa, agrupa, reordena, baraja y da de nuevo en una partida de naipes marcados por la magia de sus hechizos. Procurando que reine la confusión y el caos para desprevenir a las intuiciones más agudas. Si alguna de ellas logra asomar su cabeza por encima de la media es elegida para un nuevo comienzo.

En la dimensión espiritual se encuentran las reservas de fe y escepticismo. Ella les administra pequeñas dosis a entes perfectamente designados para que esparzan la esperanza o el hastío entre las masas sombrías, suplicantes de salvación en su mayoría y en contadas ocasiones de redención. Viste a los mensajeros con túnicas, togas, mantos y trajes y los coloca detrás de un púlpito, altar, estrado, banca o pantalla según las buenas nuevas. En cada mensaje hay algo que no se dice y ese es precisamente el mensaje.

 Tal es su deleite que cada tanto necesita compartir sus experiencias con sus pares. Para tal suceso extraordinario tiende un mantel de astros sobre el cuadrante, desempolva las brillantes copas del olvido y las colma de un néctar licoroso, enciende el cirio de la comunión, prepara el banquete que preanuncia el bacanal y utiliza su voz, su canto de ave celestial que heredó a sus niñas sirenas. Su risa sabe a truenos y sus carcajadas a tempestades, todo tiembla en la creación, intimida y hace sentir más insignificantes a los mortales. Ese es el sonido de la celebración.

 

Ral faena los asuntos sensoriales, emocionales y creativos. Registra todo en un celoso cartapacio que cuelga de un morral de piel; detalles mínimos que determinan desenlaces de magnitud se encuentran grabados a fuego. Su mirada es fuliginosa como una noche sin luna, pero sobre todo aguda, punzante, inquisidora. No es recomendable llamar su atención. Sus decisiones suelen ser definitivas.

Lo sensorial atañe a todo lo que vive o sobrevive y Ral imprime en ello una fuerte carga emocional. Muy a menudo engaña a los sentidos más agudos con imágenes borrosas, sombras que se desplazan veloces para los ojos desprevenidos hasta el punto de hacerlos jurar por algo que solo fue una ilusión. El engaño se consuma cuando esa distracción oculta el verdadero propósito.

Así, con suma paciencia, planifica sus movimientos y actúa en el momento preciso. Los sonidos en la noche, en los lugares pocos frecuentes despiertan los temores más oscuros en los insomnes, desatan un encadenamiento de suposiciones e intrigas poco productivas, pero con altos niveles de adrenalina, de esa que se percibe sólo con un olfato entrenado que sirve de alimento a su creador.

Sus alas acarician las mantas de los niños en sus alcobas y luego llama a los ángeles desde los colgantes rudimentarios que decoran las galerías. En medio del sueño más profundo son llevados a conocer otros mundos posibles con mixturas infinitas de acuerdo a cada imaginación, se les revelan los sabores más dulces y los más amargos, los paisajes más increíbles y los guetos más miserables. Cuando dejan la infancia ya casi no son visitados porque la semilla ya fue instalada. Sólo hay que saber esperar para ver cuál es su fruto.

Las carnes y sus almas son atravesadas por las emociones más simples y las más complejas. Alegría y tristeza, miedo y seguridad, asco y placer, ira y empatía, curiosidad y culpa, tranquilidad y ansiedad son las más fáciles de estimular. Cuando se activan, despiertan sentimientos muy reconocibles que recorren todo el abanico que existe entre el amor y el odio. Ral siente predilección por una pasión, la furia. Se sienta en primera fila y disfruta del espectáculo con un entusiasmo perverso. Es cuando sale a la superficie todo lo que se guarda y sólo se necesita de estímulo un mínimo detalle, una palabra fuera de lugar, una incitación mal intencionada para desatar un maremágnum de improperios y vociferaciones. Espectáculo teatral breve, sin guion, pura improvisación y brasas que concluye en un reclamado desahogo. Si se pudiera ver en lo profundo de sus ojos, ellos contarían “la historia”, su historia, y el porqué de tanta obsesión con la furia. Lamentablemente nadie ha llegado tan profundo como para saberlo, incluso el propio Ral.

 

Los arcanos se consideran uno en tanto iguales y al mismo tiempo se diferencian por sus particularidades. En su pluralidad hacen un uso medido, regulado, de la acción, sus pensamientos generan un poder sin límites que trasciende tiempo, espacio y cualquier juicio. Igualmente se necesitan entre ellos para confirmar su existencia y singularidad. Los demás conocen más a ese uno que él mismo. No por casualidad son tres. Es más, se pueden pensar en seis si se permiten el diálogo interior. De ese modo nunca se encuentran solos, aún si estuvieran distantes. Como cada cual en su propio campanario.


Comentarios

  1. En esta oportunidad deseo compartirles una novela corta o un cuento largo, en construcción, que remite al género fantástico. La publicación de los siguientes capítulos tendrá una periodicidad mensual. Mediante este experimento literario pretendo interactuar con ustedes, mis lectores y recibir en los comentarios sus devoluciones, críticas y sugerencias, siendo mí propósito tomarlas como referencia a la hora de encarar la escritura de las próximas páginas. Deposito en esta obra muchas expectativas, haciendo oídos sordos a todos estos meses trabajados en terapia para combatir mi ansiedad. Igual me arriesgo a tal propósito. Me la voy a jugar. Sea cual fuera el resultado de esta apuesta ya me siento realizado. ¿Me acompañan? Yo sé que sí. Gracias como siempre.

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  2. Sí, dale!! Soy Ral (x la furia!)😁

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    1. No esperaba menos de usted!!! Jajaja... Así que sos Ral...??? Un placer entonces!!! Jajaja. Gracias Caro!

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