Pinceladas
Entonces pedí mis colores y fueron otorgados,
confesé mi deseo y fue concedido, imaginé lo imposible y no lo era, susurré un
secreto y quedó salvado, soñé lo más hermoso y hoy lo contemplo. Al fin pude
ver la música y escuchar las imágenes de esa ciudad inmensa en que los relatos
se suceden y se superponen desconociendo paradigmas y sintagmas en un ritual
que me tiene aquí embelesado desde esa tarde noche de domingo.
Ni bien pude, acaricié sus texturas y mis
dedos me devolvieron recuerdos de epopeyas nunca vividas en carne propia pero
sí sentidas como tal. Me detuve en la primera torre y vino a mí un recuerdo de infancia,
la llave, una historia de héroes mitológicos que me hizo enamorar de un mundo
hoy olvidado plagado de hazañas y gloria, de sangre y amor. Continué mi
recorrido y la segunda construcción me reencontró con una obra exquisita, pilar
de mis pensamientos; una especie de contrahistoria que echó por tierra todo en
lo que creía hasta ese momento.
Así fue que disfruté los relieves de cada espinazo
como si volviera al tiempo en que los tuve en mis manos. Volví a leer con todos
mis sentidos esas líneas exquisitas que alguna vez remarqué con lápiz tanto en
invierno como en verano. Viajes increíbles, lugares maravillosos, personajes
entrañables, escenas paralizantes, reflexiones profundas y sobre todo, el placer
de vivir varias vidas al mismo tiempo. He aquí mis tesoros acompañando de ahora
en adelante la cotidianidad de un hombre nuevo que se para en el presente y lo
vive como tal, como un regalo.
Estas pinceladas son el impulso que necesitaba
mi alma para cambiar su mundo, renovar su oxígeno y dejar que el viento la
volviera a encender. Caricias que abrieron mis puertas y ventanas para permitir
que lo etéreo recorriera las habitaciones reinventando todo a su paso. Y me
dejé llevar por esa magia de redención y emocioné hasta las lágrimas con esas sonrisas
que no se borran y me dije mientras miraba hacia adentro: “Tan sólo un día a la
vez”. Comprendí que en la lectura y en la escritura vive mi revolución; necesitaba
profundamente volver a ellas, y sobre todo volver a mí.
A veces con
un Gracias no alcanza.
A mi gran amiga
Verónica Rodríguez por tan bello obsequio.



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