Brillaba

            


            Brillaba. Sus manos la aferraban y a la vez la acariciaban. El piano de fondo y una figura femenina en él. Un hombre y ella sobre el escenario. El piso de madera, un telón tan antiguo como precioso y poca, poquísima audiencia. Creo que debe ser la primera vez que somos tan pocos de este lado. En la cúpula las figuras se miraban y deslizaban sigilosamente para tener una mejor visión. Las piezas se sucedieron una tras otra. El sonido me llegaba tan hondo que me transportaba lejos, tan lejos como nunca antes había viajado y eso que vengo de lejos. Los músicos estaban vestidos de negro; ropa informal pero oscura como esa noche de abril.

Mi ubicación no es de lo mejor pero igualmente disfruté ese ritual como pocas veces, sin sentir ese peso encima, que fastidio. La trompeta alternaba sonidos estridentes con otros que podría llamar íntimos. La música llenaba el lugar de una manera especial, como si se pudiera ver, la sala estaba vacía pero parecía que ellos tocaban para miles, saludaban y agradecían después de cada obra, cortas por cierto. Me agrada cuando las cosas no van más allá de lo disfrutable. Mi oído está curtido por la monotonía del silencio y éste, lo puedo asegurar, es el sonido más insoportable que pueda existir.

Busqué estirarme un poco más para apreciar mejor la presentación. ¡Dos personas jóvenes, con todo para dar, paradas ahí, llevando adelante una empresa descomunal para un público de fantasmas! Esto sí que es un regalo, un premio a la paciencia, diría. Un piano afinado, una trompeta que brillaba y alternaba sonidos y climas a partir de una suerte de apéndices que el músico ajustaba y desajustaba continuamente. Una mesa negra donde se encontraba una franela y esos accesorios raros. Un banco, el mismo de siempre, sosteniendo a la chica, nada de cables y sólo una luz blanca para alumbrarlos y dejar apreciar sus auras. En años no me sentí así. Demasiados como para recordar cuántos, pero muchos al fin.

Los músicos dejaron el escenario. Saludaron y se retiraron. Hubiese querido aplaudir para ocultar el silencio; hasta sentí cierta vergüenza, debo admitirlo. Me quedé otra vez con lo único que conozco. Este paisaje encantador que no ha cambiado nada desde que me bajaron del barco y me clavaron a este piso. ¡Bravo! ¡Bravo! grité con todas mis fuerzas de madera vieja. El muchacho volvió sobre sus pasos, contempló la inmensidad como buscando algo perdido, esperó un instante, me sonrió y se marchó.

 

A San Nicolás de los Arroyos, mi ciudad, en el día de su aniversario 275

y a nuestro hermoso Teatro Municipal, próximo a sus 115 años de vida.

Gracias por tantas alegrías. 


Referencias:

https://www.sannicolasciudad.gob.ar/areas/cultura/teatromunicipal

                      https://www.sannicolasciudad.gob.ar/

http://arnoldogualino.blogspot.com/2016/09/teatro-municipal-de-san-nicolas-rafael.html

https://edizionicafoscari.unive.it/media/pdf/article/mdccc-1800/2018/1/art-10.14277-2280-8841-2018-001-07.pdf

                    

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