El Llamado
De a poco y con el tiempo aprendemos que esos
destellos no son más que objetos abandonados en una vereda, un camino o un
campo. Cuando nos acercamos de a poco creyendo que se trata de algo
interesante, un descubrimiento o algo parecido, nos abruma la decepción al
darnos por convencidos que se trata nada más que de un fragmento de vidrio o
espejo, de un envoltorio plástico o de un pedazo de chatarra metálica.
Pero esta vez la cosa era distinta. Caminaba
con mi cabeza baja y distraída, cuando sin darme cuenta clavé mi mirada en un
reflejo de sol sobre la tierra, más precisamente sobre una montaña de basura; y
en la cima, donde se veía revolotear a las aves carroñeras, se encontraba esa
luz. No podía definir a esta distancia de que objeto provenía, pero me atrapó
inmediatamente la curiosidad.
Encaré hacia el lugar; corté camino vadeando
una zanja primero, y un alambrado después. A partir de ahí era imposible hacer
dos pasos sin mirar el suelo o el lugar donde debería estarlo ya que los
desperdicios comenzaban a transformarse en lo único que podían ver mis ojos
además de las aves y el cielo.
Marché decidido hacia la base del montículo.
Paso a paso el olor se intensificaba y mi vista no podía creer la cantidad de
porquerías que se presentaban. Era temprano y hacía frío en ese mes de junio.
Había salido de casa para ir al trabajo y en el recorrido veía la cara de los
otros trabajadores como salidas de una tarde noche para olvidar.
Primero, los acontecimientos y
revueltas, luego la radio comenzó a escupir los comunicados. Creo que pude
conciliar el sueño ya entrada la madrugada. Esa noche los perros no pararon de
ladrar y por los alrededores se escuchaban rugir los motores de camiones.
Me ubiqué a unos pasos de la fuente
de luz, la niebla se había puesto más densa debido a los sopores que despierta
el sol. Caminé unos metros más y me detuve. Algo se movía entre las latas y
botellas. Un reloj plateado se movía imperceptiblemente. Su motor era el pulso
de su dueño. Un fusilado estaba vivo.
Dedicado a los Fusilados del ’56.
Ilustración: Javier "Caio" Di Lorenzo. 06/2012
Referencias:
Rodolfo Walsh: "Operación Masacre".



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